2020 — hoy · Capa a capa
Cómo se hizo Vin
Detrás de Vin no está una empresa, ni sigue un plan maestro.
Una pandemia, una necesidad personal y un cuaderno para anotar qué hacer cada día.
Luego el cuaderno pasó al móvil, siempre a mano.
Esa fue la tesis: del objetivo al plan y del plan al día a día. Que cada entreno tuviera sentido, que la progresión fuera coherente y que pudiera planificarse, ejecutarse, revisarse y volver a empezar desde un solo lugar: mi móvil.
La filosofía que acabaría llamándose vinagril ya estaba ahí antes del nombre: constancia sin épica, individualización, progresión, llegar con ganas y acabar siempre con la sonrisa del vinagre. El ciclo que hoy resume Vin —piensa el plan, luego síguelo, revisa lo hecho, adapta lo que viene— no nació con un personaje. Baldomero no existía el primer día. Llegó después, cuando hizo falta ponerle cara y voz a ese acompañamiento entre plan y realidad.
Lo que sigue es esa historia, contada tal cual fue: de la libreta al rodillo, del rodillo a los números, de los números a un sistema y de un sistema a una comunidad.











